Cuando
hablamos de amenazas para el medio ambiente, solemos pensar en coches
y chimeneas, pero nunca en la comida. Sin embargo, nuestra necesidad
de alimentarnos es una de las mayores presiones que pesan sobre el
planeta.
Las
actividades agropecuarias se cuentan entre uno de los factores que
más contribuyen al cambio climático, ya que emiten más gases de
efecto invernadero que todos los coches, camiones, trenes y aviones
juntos, principalmente por el metano que desprenden el ganado y los
arrozales, el óxido nitroso de los cultivos fertilizados y el
dióxido de carbono derivado de talar bosques para cultivar la tierra
o criar ganado. Asimismo son las principales consumidoras de nuestras
valiosas reservas de agua dulce y una importante fuente de
contaminación, ya que los fertilizantes y el estiércol
transportados por la escorrentía alteran el frágil ecosistema de
lagos, ríos y costas en todo el mundo. Además, la agricultura y la
ganadería aceleran la pérdida de biodiversidad. Cuando despejamos
praderas o talamos bosques para destinar el suelo a usos
agropecuarios, perdemos hábitats de vital importancia, por lo que
estas actividades son uno de los principales motores de la
extinción de especies salvajes.
Los
cambios medioambientales causados por el sector agropecuario son
enormes y no hacen más que aumentar en todo el mundo, a medida que
la necesidad de alimentos se vuelve más acuciante. Para mediados de
siglo probablemente tendremos 2.000 millones de bocas más que
alimentar, cuando la población mundial alcance los 9.000
millones. Pero esta no es la única razón por la que necesitaremos
más comida. La difusión de la prosperidad en todo el globo, en
especial en China y la India, está impulsando una mayor demanda de
carne, huevos y lácteos, lo que a su vez incrementa la presión para
producir más maíz y soja destinados a piensos para el ganado
vacuno, porcino y avícola. Si estas tendencias se mantienen, el
impacto doble del crecimiento poblacional y las dietas con mayor
componente animal nos obligarán prácticamente a duplicar la
producción agrícola para 2050.
Lamentablemente,
el debate sobre el mejor modo de alimentar a la creciente población
mundial se ha polarizado y se ha convertido en un enfrentamiento
entre la agricultura convencional y el comercio mundial, por un lado,
y las granjas ecológicas y la producción local, por otro.Los
partidarios de la agricultura convencional dicen que la mecanización,
el riego, los fertilizantes y las mejoras genéticas pueden aumentar
la productividad para ayudar a satisfacer la demanda. Y
tienen razón. Por su parte, los defensores de la producción
ecológica y local sostienen que los pequeños agricultores de todo
el mundo pueden incrementar notablemente su productividad (y salir de
la pobreza) si adoptan técnicas que mejoren la fertilidad sin
recurrir a abonos y pesticidas sintéticos. Y también tienen
razón.
Pero no es necesario elegir una cosa o la otra. Los dos
enfoques ofrecen soluciones muy necesarias, y ninguno de los dos es
suficiente por sí solo. Deberíamos considerar todas las buenas
ideas y aprovechar lo mejor de los dos mundos.
Tuve la suerte de
dirigir un equipo de científicos cuyo cometido era estudiar un
problema muy simple: ¿cómo duplicar la producción mundial de
alimentos y reducir al mismo tiempo el impacto medioambiental de las
actividades agropecuarias? Tras analizar cantidades ingentes de
datos, propusimos cinco pasos que podrían dar respuesta al dilema de
la alimentación mundial.
PASO
1
Congelar
la huella de la agricultura.

Durante
la mayor parte de la historia, siempre que hemos necesitado producir
más comida, simplemente hemos talado bosques o arado praderas
para crear más explotaciones agrícolas y ganaderas. Ya hemos
despejado una superficie comparable a la de América del Sur para
cultivar la tierra. Y para criar ganado, hemos ocupado un área del
tamaño de África. La huella de la agricultura y la ganadería ha
causado la pérdida de ecosistemas enteros en todo el planeta,
incluidas las praderas de América del Norte y el bosque atlántico
de Brasil, y se siguen talando bosques tropicales a un ritmo
alarmante. Pero ya no podemos permitirnos aumentar la producción
de alimentos mediante la expansión agrícola. Convertir bosques
tropicales en tierras de usos agropecuarios es una de las acciones
más destructivas para el medio ambiente, y no suele hacerse pensando
en los 850 millones de personas que aún pasan hambre en el mundo. La
mayoría de los bosques que se talan en los trópicos con fines
agrícolas no contribuyen a la seguridad alimentaria del planeta,
sino que se destinan a la ganadería o a la producción de soja para
alimentar el ganado, madera o aceite de palma. Evitar el avance de la
deforestación debe ser una prioridad.
PASO
2
Producir
más en tierras ya cultivadas

A
partir de la década de 1960, la revolución verde incrementó las
cosechas en Asia y América Latina con el uso de variedades mejoradas
de plantas, fertilizantes, maquinaria y sistemas de riego, pero el
coste medioambiental fue enorme. Ahora se puede aumentar el
rendimiento de los campos menos productivos, sobre todo en África,
América Latina y Europa del Este, donde existen «brechas de
rendimiento» entre la producción actual y la que sería posible si
se aplicaran prácticas agrícolas mejoradas. Usando sistemas de
agricultura de alta tecnología y precisión, y métodos prestados de
la agricultura ecológica, en algunos de esos lugares podríamos
multiplicar varias veces el rendimiento de los cultivos.
PASO
3
Hacer
un mejor uso de los recursos

Ya
disponemos de medios para conseguir una alta productividad y reducir
el impacto ambiental de la agricultura convencional. La agricultura
comercial ha empezado a lograr avances, con métodos innovadores para
gestionar mejor la aplicación de fertilizantes y pesticidas mediante
el uso de tractores computarizados equipados con sensores avanzados y
GPS. Muchos productores usan mezclas de fertilizantes especialmente
concebidas para las condiciones concretas de sus campos, lo que
reduce las sustancias químicas arrastradas por escorrentía a los
ríos cercanos.
La agricultura ecológica también puede reducir
mucho el uso de agua y agroquímicos al incorporar cultivos de
cobertura, mantillo y compost para mejorar la calidad del suelo,
conservar el agua y aumentar el contenido de nutrientes. Muchos
agricultores también hacen un uso más racional del agua y
sustituyen sistemas de riego poco eficientes por métodos más
precisos, como el riego por goteo subsuperficial. Los avances en la
agricultura convencional y en la ecológica pueden darnos un mayor
rendimiento por cada gota de agua y cada gramo de nutriente
utilizados.
PASO
4
Adaptar
la dieta

Sería
más fácil alimentar a 9.000 millones de personas en 2050 si un
mayor porcentaje de nuestros cultivos acabara en la mesa. En la
actualidad, solo el 55 % de las calorías cultivadas en el mundo
alimentan directamente a las personas; el resto da de comer al ganado
(alrededor del 36 %) o se convierte en biocombustibles o en productos
industriales (en torno al 9 %). Aunque muchos de nosotros consumimos
carne, lácteos y huevos procedentes de animales de cría intensiva,
solo una fracción de las calorías presentes en los piensos acaban
en la carne y la leche que consumimos. Por cada 100 calorías de los
cereales que utilizamos para alimentar a los animales, recuperamos
apenas 40 en la leche, 22 en los huevos, 12 en la carne de pollo, 10
en la de cerdo y 3 en la de ternera. El desarrollo de métodos más
eficientes para criar animales y la adopción de una dieta menos
carnívora (incluso aunque hagamos un cambio tan nimio como sustituir
la carne de vaca alimentada con grano por carne de pollo, de cerdo o
de vaca alimentada con hierba) dejarían cantidades sustanciales de
alimento disponibles para el consumo humano. Dado que es poco
probable que en los países en vías de desarrollo se coma menos
carne en un futuro próximo, ya que se encuentran en proceso de
creciente prosperidad, deberíamos buscar modelos de cambio en
aquellos donde ya se consume una dieta rica en carne. Reducir el uso
de cultivos alimentarios para la fabricación de biocombustibles
también sería una medida positiva para aumentar la disponibilidad
de alimentos.
PASO
5
Reducir
el despilfarro

Se
calcula que el 25 % de las calorías alimentarias producidas en el
mundo y hasta el 50 % del peso total de la producción de alimentos
se desaprovechan o se pierden antes de llegar al consumidor. En los
países ricos, buena parte de ese desperdicio se produce en los
hogares, restaurantes y supermercados. En los países pobres muchos
alimentos se pierden entre el agricultor y el mercado, por culpa de
unos sistemas poco fiables de almacenamiento y transporte. Los
consumidores de los países desarrollados podrían disminuir el
despilfarro con medidas tan sencillas como reducir las porciones,
aprovechar las sobras y fomentar en cafeterías, restaurantes y
supermercados prácticas que reduzcan los residuos. De todas las
opciones para aumentar la disponibilidad de alimentos, la reducción
de los residuos alimentarios sería una de las más eficaces.
Estos
cinco pasos, combinados, podrían más que duplicar las reservas
alimentarias del mundo y reducir de forma espectacular el impacto de
la agricultura sobre el medio ambiente. Pero no será fácil. Estas
soluciones requieren un cambio fundamental en nuestra forma de
pensar. Durante la mayor parte de nuestra historia nos hemos guiado
por el imperativo de dedicar más suelo a la agricultura, obtener más
cosechas y consumir más recursos. Ahora tenemos que encontrar un
equilibrio entre una mayor producción de alimentos y la preservación
del planeta.
Este es un momento crucial en el que se nos presentan
desafíos sin precedentes para la seguridad alimentaria y la
conservación del medio ambiente. Por fortuna, ya sabemos lo que hay
que hacer. Solo nos falta decidir cómo hacerlo. Abordar estos
desafíos exige de todos que prestemos más atención a la comida que
ponemos en nuestro plato. Debemos establecer conexiones entre los
alimentos y los agricultores que los producen, y entre los
alimentos y la tierra, las cuencas fluviales y el clima que nos dan
sustento. Nuestras decisiones cuando llenemos el carro de la
compra contribuirán a decidir nuestro futuro.
La redacción del blog.
Extraído de National Geographic.