El ser humano bate récords
planetarios con inusitada facilidad y rapidez. Quizá uno de los más
sorprendentes es el de ser la única especie capaz de apropiarse de
aproximadamente la cuarta parte de toda la producción biológica
primaria neta de la Tierra. Este es el impacto primordial y último
de nuestra especie sobre el planeta. Pero no el único.
Toba (Indonesia), 75.000 años
antes del presente: la mayor erupción volcánica jamás registrada
causó una debacle ambiental que estuvo a punto de exterminar a la
especie humana. La cantidad de cenizas aportada a la atmósfera
generó un frío y un descenso en la productividad primaria del
planeta de tal calibre que apenas pudieron sobrevivir unas quinientas
hembras reproductoras de nuestra especie, según reconstrucciones
demográficas recientes.
Fukushima (Japón), año 2011:
el sexto terremoto más potente jamás medido golpea la costa
noreste, cambia en nueve centímetros el eje de rotación de la
tierra y pone a Japón cuatro metros más cerca de EE.UU. Debido a
este terremoto y al sunami asociado pierden la vida más de 19.000
personas. Pero lo peor estaba por ocurrir. La ubicación en este área
de una central nuclear que se ve parcialmente destruida por el
terremoto y el sunami provoca un episodio de contaminación
radiactiva sin precedentes, generando un éxodo de un cuarto de
millón de personas y una extensa zona marítima y terrestre en la
que la vida humana no es segura. Seis años después, se han medido
530 sieverts por hora en los restos el reactor destruido, cuando una
dosis de radiación de tan solo 10 sieverts es suficiente para que
una persona muera a las pocas semanas.
La diferencia principal entre
estas dos catástrofes naturales es que los efectos de la segunda se
amplificaron enormemente por la huella humana. Lo mismo que está
ocurriendo ahora y a escala global con el cambio climático. Nos
encontramos en un periodo interglaciar, un periodo donde se espera
que las temperaturas suban por causas naturales. Pero a este
calentamiento hay que sumar los efectos de la emisión a la atmósfera
de toneladas de gases con efecto invernadero, unos gases que en otras
circunstancias podrían servir para “descongelar” o “templar”
la Tierra pero que en la actualidad están generando un
sobrecalentamiento rápido y preocupante.
Lagartija 74, Hepburn y KepaKé.
Extraído de un articulo de eldiario.es.
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