Tú, una herida en el
pecho, un sofocante dolor.
Tú, un sol cuya negra
nube se apresta a desaparecer en el infinito.
Tú, un gozo eterno que
hace palpitar mi ser a cada latido.
Tú, un arco iris dibujado
en el cielo con lápices de cera.
Tú, la sonrisa de cada
mañana, el sol matutino que nos regala a todos su luz.

Tú, la regla básica
donde se haya los fundamentos de los amores.
Tú, corazón enamorado,
yo corazón que te corresponde.
Tú, viento, agua y brisa.
Oro y diamantes. Joyas fulgurantes que desprenden destellos de
luminosidad.
Tú, las manos sujetas,
compartidas por la unión del tacto que se atrae mutuamente.
Tú, con la piel rozando
en los límites de tu realidad.
Tú, con tus sollozos que
son los míos. Las lágrimas vertidas cuando nos sentimos solos.

Tú, con todas las
ventanas abiertas, dejando entrar la brisa y el olor del mar.
Tú, siendo todo y nada
eres el lugar lleno de recovecos donde se ocultan los besos.
Tú, y tu sonrisa y tu
tristeza.
Tú, con tus ideales y tus sueños. Yo con mis sueños
recorriendo senderos infinitos que conduzcan siempre hasta ti.
Tú, sorteando lluvias y
torrentes. Yo previniendo no mojar mis pies en los charcos.
Tú, en cualquier momento,
tú eres preferible a cualquier cosa. Por eso Tu ya no es palabra,
sino sentimiento.
Ignacio Pérez Jiménez.
Colaboran: Manuel, Inma y Rafa.
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